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Mi regresión de encuentro con mis seres fallecidos (parte 1)

Recuerdo que de niña, vivía fascinada con el mundo del hipnotismo, nosé si esa época estaba de moda, pero recuerdo haberlo visto en la televisión y desde ahí, tratar de hipnotizar a persona que se me encontraba por delante, ahora que lo pienso, quizás ahí comenzó este contacto que me gusta tanto hacer con la mirada… no lo sé…

Años después, comencé a leer acerca de las regresiones, regresiones a nuestra niñez, al vientre de nuestra madre, a vidas pasadas y a conexiones con parientes que han fallecido.

Desde niña, mi conexión con el mundo espiritual ha sido muy… “normal”, cómoda, abierta, sin miedo… he tenido varias experiencias particulares.  Una de ellas y que nunca había compartido con ustedes, sucedió cuando tenía alrededor de 7 años, mientras dormía.  Les cuento,  recuerdo estar durmiendo y derrepente despertarme con muchísima sed, igual tenía mucho sueño, digamos que me encontraba en ese estado entre que estás dormida y despierta… así que me levanté a regañadientes para ir a coger agua de la cocina y recuerdo mi asombro cuando llegué a la puerta y quererla abrir… mi mano, por decirlo así, no podía “tocar” la perilla… era como si yo fuese un holograma, recuerdo que me desperté ¡de un zopapo! y fui, totalmente consciente, ¡de que era solo espíritu!, volteé y demás está decirles lo que sentí cuando miré mi cuerpo recostado aún, en la cama… sentí que mil pensamientos pasaban por mi mente, tratando de entender ¡que estaba pasando!, recuerdo dar vueltas por mi habitación, quería correr donde mi mamá, pero no podía, ¡era algo que tenía que solucionar yo!… entonces pensé, quizás estoy muerta… si, debe de ser eso, he muerto mientras dormía… pero, ¿no se supone que alguien debería venir a recogerme? ¿o no?… así que esperé, en mi habitación por algunos minutos, pensando, “así que esto es estar muerta”… pero de ahí, otro pensamiento que me aterró, pasó por mi mente… ¿que pasa si viene un espíritu malo y entra a mi cuerpo?, así que me armé de valor y me dije: Debo regresar, ¡este es mi cuerpo!.

Claro, el problema era cómo… así que “me recosté” en mi cama y puse “mi holograma” en la misma posición como estaba mi cuerpo, el holograma de mi pierna derecha, dentro de mi pierna derecha, el holograma de mi pierna izquierda, dentro de mi pierna izquierda… me encontraba aún sentada (osea, mi espíritu claro).  Cuando llegó el momento de unir mi tórax y mi cabeza, para eso, debía de recostarme… la verdad, solo me encomendé a Dios y me eché… ¡y sentí como si cayera en un abismo profundo!, y un golpe seco… estaba, al fin, de regreso en mi cuerpo…

Mi regresión de encuentro con mis seres fallecidos

Esa, es una de las tantas historias que tengo y poco a poco comenzaré a compartir con ustedes, pero regresando a la regresión del fin de semana, mi contacto, con el mundo espiritual, comenzó desde hace muchos años atrás.  Mi padre, falleció cuando era pequeña, de adolescente falleció mi abuelo, quien vivía conmigo y era como mi padre, de joven, murió mi abuela, quien también vivía conmigo y era como mi madre y hace unos años atrás, falleció mi segundo hijo… imposible no tener conexión, ¿verdad?.

Siempre quise hacerme una regresión, me fascinaba la idea de verme en una vida pasada, pero también quería que la persona que me la haga, sea un profesional y me supiera guiar.  Y eso fue lo que pasó estos días, como les comenté, estuvo Robert Schwartz en nuestro país, él es autor de varios libros que hablan del tema y dictó un taller donde realizó dos regresiones, la primera, que les voy a contar acá, fue una regresión de encuentro con parientes que ya han fallecido.

No sé porque días antes del taller comencé a ponerme nerviosa, una regresión, al fin y al cabo, era algo que nunca había hecho y un tiempo atrás, tuve una mala experiencia con una meditación a base de instrumentos musicales, no puedo explicar bien que pasó ahí, pero si me costó mucho re conectar nuevamente con mi cuerpo y tenía mucho temor de que lo mismo me volviera a suceder.

Ese día, antes de la meditación, pude conversar con Robert, quien me aseguró, que nada de eso pasaría, “siempre, en todo momento, vas a estar consciente”, me dijo… lo cual me tranquilizó.

Como ustedes saben, practico meditación trascendental desde hace muchos años, debido a ello, mi mente está entrenada para llegar a estados de relajamiento sin ningún problema, así que desde el momento que comenzó a guiarnos Robert, me sentí totalmente cómoda.  Comenzó llevándonos a la playa, a la tranquilidad del mar y grande fue mi sorpresa, cuando vi a lo lejos, en el muelle, a mi papá.  El lugar donde me encontraba, era un lugar conocido por mi, fue el muelle donde despedí a mi hijo y lo entregué para que siga su viaje por el mundo espiritual, el post pueden verlo aquí.

Verlo fue hermoso, ¡tan real!, sus gestos, su piel, su mirada… y claro, ¡es que es real!.  En ese encuentro, mi papá compartió conmigo unos mensajes muy importantes que tiene que ver respecto a mi familia, nuestra familia y caminamos, agarrados de la mano, nos sentamos, nos abrazamos, reímos… que bella sonrisa tenía, ¡cuánto la extrañaba!… estar juntos, nuevamente, fue un regalo.

Mas adelante, Robert nos guió a otro lugar que para mi sorpresa, ¡también conocía!, un lugar donde un tiempo atrás, meditando sola, me encontré derrepente con mi bello Noah (pueden leerlo aquí),  en este lugar en cambio, no vi a nadie, pero si sirvió para llenarme de luz y recargarme de energía.

Después Robert nos pidió que fuésemos a un lugar que nos sea familiar y así fue, que me vi, en una de mis 2 casas espirituales… continúa en el próximo post, clic aquí para leerlo

 

 

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